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Después de tres días de Congreso en que importantes eminencias nos han presentado la Raza Lusitana, nos han cursado lecciones de anatomía, nos han iluminado con aspectos científicos, patológicos, veterinarios, ortopédicos y reproductivos, el profesor Artur Machado, para cerrar el congreso, da un giro de 180º a todo lo anteriormente revisado y me pide que diserte sobre un tema de gestión. Pero ni siquiera sobre gestión ganadera, reproductiva o alimentaria de una población de animales. Nó. Se trata de la carrera de un Lusitano en alta competición. Y evidentemente mí ponencia no va dirigida a competidores, ni siquiera a jinetes, sino básicamente a científicos y ganaderos.
En este sentido, creo que tiene el máximo valor el programa desarrollado por el profesor Machado en el que a través de la correlación de medidas de un caballo, distancias y ángulos básicamente, puede determinar la idoneidad física de un ejemplar, por lo menos “a priori”, para las distintas actividades o modalidades de uso. En mi caso solo puedo aportar la experiencia que me da conocer lo que es preparar un caballo durante cuatro años para la alta competición, y mantenerlo durante nueve en los más rigurosos estándares de los certámenes internacionales.
No hace falta ser muy perspicaz para entender que en estos doce a catorce años de preparación y presentación de un caballo en los más exigentes torneos deben primar los conceptos de equilibrio y durabilidad.
En dressage, disciplina que yo conozco mejor, normalmente los caballos no alcanzan su zenit (medallas en Juegos Olímpicos, Juegos Mundiales o Campeonatos de Europa) hasta edades comprendidas entre los 14 y 17 años. Son carreras de largo plazo y el éxito verdadero del caballo no se suele alcanzar hasta la última etapa.
Los mayores problemas suelen derivarse del método de entrenamiento y presión en los campeonatos.
Generalmente proceden de las prisas del jinete o propietario. El tiempo se hace largo y tienden a precipitar la búsqueda de resultados. La experiencia me demuestra, que esto nunca da su fruto. Sistemáticamente el caballo se “rompe” antes de llegar a cumplir sus objetivos, y por supuesto antes de alcanzar su máximo potencial.
Los puntos más débiles de un caballo de deporte durante toda su vida de entrenamiento y competición son básicamente y por este orden cronológico el dorso, el aparato locomotor y el aparato digestivo.
Del dorso solo podemos decir que necesita un proceso de musculación suave y progresivo, con una duración mínima en nuestra raza de dos a tres años. Precipitar este proceso, al margen de lesiones, supone que los ejercicios nunca alcanzarán la calidad y perfección exigida en alta competición. Por lo tanto, como mínimo, perderemos el tiempo.
Del aparato locomotor poco voy a decir. Es el factor de máximo estudio de entrenadores y veterinarios. Articulaciones, tendones y ligamentos constituyen los puntos críticos que hay que cuidar con delicadeza. Procesos de calentamiento y enfriamiento suaves contribuyen a su durabilidad. Debemos evitar trabajos demasiado bruscos y repetitivos. Los caballos evolucionaran mejor si entienden los ejercicios y los realizan con alegría. Es básico cuidar los estados de las pistas y centros de entrenamiento. Por último yo aconsejo por encima de todo que en beneficio de la prolongación de la vida útil del caballo los tratamientos como infiltraciones y otros similares, incluso con productos autorizados que son pocos, se retrasen lo más posible.
Por último, y para mi lo más importante, aunque es a lo que normalmente prestamos menos atención, es al cuidado del aparato digestivo puesto que su efecto negativo es el que tarda más en manifestarse, generalmente cuando nuestro ejemplar alcanza los más altos niveles. Más del 95% de los caballos en alta competición tienen úlceras, y en la mayoría de los casos esto tiene graves consecuencias. Con frecuencia los días de la competición se ven perjudicados por cólicos, desplazamientos o torsiones de colón, y fundamentalmente fuertes dolores que perjudican el rendimiento. Y eso cuando el caballo, después de tanto esfuerzo e inversión, no se queda en el camino.
El aparato digestivo refleja el equilibrio en la alimentación, en el alojamiento, pero también en el trabajo del caballo. En alimentación hay que cuidar la proporción entre proteína y fibra, esta última fundamental, pero también la continuidad en las características del alimento, máximo cuando se cambia de país y de cuadra.
El confort del alojamiento es fundamental para ese “señor” o “señora” mayor al que le gustaría quedarse en el sillón de su casa.
No lo olvidemos.
Pero lo más importante sin duda es el equilibrio psicológico. Recordemos siempre que el caballo es un ser social que requiere comunicación con su entorno y congéneres. Las etapas de competición y alto entrenamiento tienen que alternarse con períodos de descanso. Los días de esfuerzo tiene que compensarse con paseos, juegos y sensaciones de libertad. Si son sementales deben cubrir. En resumen tienen que ser animales felices.
No olvidemos nunca que el stress y los nervios de los jinetes y propietarios acaban frecuentemente alojados en los cuerpos de los caballos.
Mi presentación puede parecer utópica, pero quien quiera ver su caballo en las altas esferas, ya sea el jinete, el preparador, el veterinario, y por encima de todo el propietario debe seguir estas pautas.
Dos últimas reflexiones me permiten terminar mi exposición :
Primero: Ni que decir tiene, como han podido entender, que la alta competición para caballos jóvenes puede ser un instrumento de información para el criador, o una fórmula comercial, que es por lo que realmente se ha instrumentado, pero nunca un elemento de equilibrio y planificación que nos permita llegar a la alta competición con salud física y sobre todo psíquica.
Segundo: Contrariamente a lo que alguno pueda pensar, la equitación, y la alta competición en particular, no es en ningún caso un deporte individual. El equipo lo componen el binomio integrado por jinete y caballo, que deben ser grandes amigos, pero también el propietario, el preparador o entrenador, el mozo de cuadra, veterinario y herrador, etc… y estos a su vez, se integran en un equipo nacional en el que cada binomio tiene los mismos participes.
Pues bien, ha que ser muy consciente que el éxito individual no cabe sin el éxito colectivo. Sólo el esfuerzo común y la alegría por el bienhacer de cualquier miembro del equipo se traduce en éxito individual. Cualquier administración egoísta del éxito lleva, según mi experiencia, inexorablemente al fracaso.
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