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La introducción del salto en libertad es un auténtico test para los caballos ibéricos. El salto libera la musculatura del dorso, potencia el fortalecimiento de los posteriores y, sobre todo, potencia la capacidad de coordinación. El eje de cadera, babilla, corvejón y menudillo en el salto tiene que trabajar por entero sin posibilidad de aliviarse, como suele hacer de forma casi natural el caballo pura raza española en sus diferentes aires, en cuanto deja de trabajar con las caderas y emplea fundamentalmente los corvejones produciendo así un movimiento en los diferentes aires que podríamos denominar "ir en patines", hacia delante, horizontalmente, y no a brazadas como debería ser en un flujo de movimiento correcto.
La falta de brazada debilita la acción de las palancas, hace desaparecer la acción de los ángulos, y en consecuencia hace que la energía del movimiento se diluya. Tenemos entonces caballos con poca fuerza en los posteriores.
Activar el uso de las caderas La solución a esta falta de fuerza y también de uso de la musculatura correcta en los posteriores está en activar la acción de las caderas, buscando que el caballo bote de arriba hacia abajo, exactamente igual que el caballo durante el salto, solo así se activa completamente el eje de movimiento del posterior. Esta activación se logra acercando los posteriores hacia la masa, pero solo lo justo para crear un eje vertical desde la cadera al menudillo. Porque ojo, si lo que se hace es remeter debajo de la masa a los posteriores, estamos creando un gran problema que desvirtuará los movimientos del caballo. Porque los caballos sentados bajo la masa, y más cuando están en el estadio de entrenamiento novel, no pueden avanzar desde esta posición de remetimiento, no pueden emplear la cadera y, en consecuencia, rompen el eje vertical del movimiento lo que hace que se apoye el posterior sobre el suelo y pueda proyectarse hacia delante. Con los posteriores remetidos debajo de la masa no hay posibilidad de proyección hacia arriba y hacia delante.
Una vez que el posterior está alineado verticalmente, debemos cuidar que el caballo esté libre por delante, porque en cuanto se le frene, el ángulo del eje vertical del posterior se abrirá hacia detrás de nuevo, quedando fuera de la masa, o bien excesivamente dentro, en cuanto intentemos traérnoslo de nuevo y nos pasemos, digamos que por exceso.
El asiento Una vez que sentimos en el asiento la libertad del tren anterior y la del posterior, podemos centrarnos en activar con nuestros isquiones el movimiento del caballo, para ello debemos acompasar nuestro asiento con sus movimientos y liberar en todo momento la acción de las piernas que cuelgan a ambos lados sin presión alguna. A medida que sentimos el acompasamiento con el ritmo del caballo, poco a poco, vamos retrasando o aumentando los períodos de asentamiento en la profundidad del asiento cuando el caballo baja, al tiempo que adelantamos los períodos de alzamiento cuando el caballo sube. Así podremos influir con nuestro solo asiento tanto en el ritmo del caballo como en el recogimiento o alargamiento de su figura.
Buscar el bote En pocos trancos el caballo debe aprender que cuando profundizamos en el asiento él tiene que acercar los posteriores, y si no lo hace debemos inmediatamente activarlos primero con la fusta, para así una vez que llegan a la vertical, inclinar nuestro tronco un poco hacia delante, apenas perceptiblemente hasta aligerar el asiento, para acto seguido actuar con la fusta de nuevo sobre la grupa y enseñar al caballo a que tiene que botar sobre su eje. Esto lo hacemos justo cuando el caballo sube. Es importante en este instante no profundizar el asiento porque entonces bloquearemos el bote. Una vez activada la cadera tenemos que centrarnos en avanzar hacia delante, el caballo siempre libre en las riendas, y aprovechar las esquinas para, entonces sí, buscar la profundidad del asiento y el máximo remetimiento del posterior interior debajo de la masa. A continuación, en cuanto dejemos la esquina debemos de nuevo estar pendientes del posterior exterior del caballo que tenderá a quedarse retrasado y, otra vez, activarlo mediante la acción decidida de buscar el bote de la cadera.
Unos posteriores rápidos Mediante este ejercicio de activación del eje vertical el caballo desarrolla movilidad articular; por un lado, flexibilidad en las articulaciones, en cuanto que, como un acordeón, el eje vertical se pliega sobre si mismo y se despliega; y, por otro, elasticidad, en cuanto la musculatura de los posteriores tiene que elongarse y contraerse de forma rápida. Esto ultimo es muy importante para lograr crear unos posteriores rápidos y no lentos, algo que se contribuye a crear si lo que buscamos es que el alongamiento y contracción sean máximos, tal y como se hace en la equitación tradicional con los pura raza española, y algo, que crea erróneamente ese "ir en patines del que hablamos".
El dorso Una vez que hemos enseñado a nuestro PRE a activar la cadera, a trabajar con bote, podemos centrarnos en el desarrollo muscular del dorso. Cada bote de la cadera produce un efecto serpentina o de onda que, a través de las diversas fajas musculares, recorre cada vértebra de la columna vertebral hasta llegar al atlas del caballo. Es el efecto sonido o de eco que produce el movimiento del eje vertical de la cadera. Así cuando además se cuenta con una libertad del cuello y una boca relajada y tranquila, el movimiento puede al fin activar el desarrollo muscular del vientre del caballo, auténtico sostén del movimiento hacia delante. Si este efecto sonido no se produce los vientres de los caballos no se muscularán y en consecuencia, lo que está encima, los dorsos, por contraposición tampoco. Esta es la razón de que cueste tanto muscular a los caballos ibéricos en su zona superior. Los caballos warmblood al tener mucha más acción natural de la cadera y mayor masa muscular por naturaleza no suelen tener este problema.
Tracción trasera y delantera Sin embargo los caballos ibéricos al estar provistos morfológicamente de unos posteriores con fácil remetimiento debajo de la masa, no necesitan hacer uso de las palancas de las caderas, y pueden avanzar, eso sí en secuencias laterales como los esquiadores o patinadores. Esto a su vez tiene un importante efecto en el tren anterior que es el que se convierte realmente en el motor del movimiento. La tracción deja de ser trasera para ser delantera. El caballo aprende a avanzar principalmente con el tren anterior del cuerpo, que se hiperdesarrolla en comparación con el tren posterior. Una vez que esta situación se ha consolidado es muy difícil entonces muscular la zona lumbar y del sacro del caballo.
El piafé El caballo, a pesar, puede piafar sin problemas aparentes, pero si observamos más detenidamente descubriremos una clara diferencia en la ejecución del piafé, y algo que vemos a menudo: el caballo en lugar de pisar con los posteriores durante el ejercicio de cambio de diagonal lo que hace es más bien retirar el posterior del suelo en cuanto ha tenido contacto, realmente no pisa, sino que actúa como si sus pies se estuvieran quemando sobre una superficie ardiendo. Esto es el falso piafé. En el verdadero el caballo siempre avanza y propulsa su masa, al hacerlo la acción del movimiento se traslada al dorso que vibra. Cuando no, el caballo lo que hace es invertir su zona dorsal y, llegado hasta aquí, retrasar la posición de sus manos que también se remeten debajo de la masa al acercarse también a los posteriores. Un piafé sin acción de la cadera no debería ser considerado por tanto un piafé correcto.
Aprender a pisar Para evitar esto el caballo tiene que aprender a pisar. Antiguamente esto no era necesario porque el caballo tenía una función en el trabajo diario. Hoy, al estar orientado exclusivamente al ocio, el profesional del caballo debe procurar los medios para compensar esta carencia. De nuevo el salto en libertad se convierte en un estupenda herramienta que enseña al caballo a medir y por tanto a saber donde tiene y coloca los pies. Al saltar si se le enseña una buena técnica aprenderá a pisar, propulsar su masa, emplear el dorso, y balancear su peso. Es tan importante para el caballo como fomentar que el niño pequeño gatee. Un hecho frecuente es encontrar a muchos PRE que carecen de sincronización en sus movimientos, así los pasos son cortos o amblados, los trotes precipitados, asimétricos, irregulares hasta parecer cojos, y los galopes muy cercanos a los cuatro tiempos, con los pies muy juntos y con escasísima amplitud. Si al potro se le ha criado en un box hemos impedido que desarrolle sus habilidades psicomotrices, y, si esto lo hemos hecho durante algunas generaciones, podemos haber llegado a fijar una característica racial. No es extraño que lo primero que hace el maestro Fritz Stahlecker con todos los potros es enseñarles donde tienen sus pies.
La montaña Otro medio de ejercitar la pisada del caballo es el trabajo de paso, montaña arriba. Los diferentes grados de las pendientes obligan al caballo a pisar y a propulsar su masa hacia arriba y hacia delante. La desigualdad del terreno igualmente impide que se alivie en ese movimiento horizontal de los posteriores del que hablamos y que tenga que bracear más, hacer más parábola, esto es subir más el posterior, acercarlo al cuerpo y lanzarlo de nuevo hacia delante y luego hacia abajo. La montaña es en este sentido mágica. Cada vez que el caballo pisa, alza, avanza en el aire hacia delante y arriba, traza la trayectoria y vuelve a pisar al final de ella, el juego de la cadera está siendo activado. La combinación de estas salidas al campo arriba con un programa de entrenamiento con cavaletis es óptima. El paso de las barras obliga al caballo exactamente a trazar y marcar ritmicamente este movimiento, y con ello hacer a los posteriores más rápidos en sus respuestas.
Ángulos y palancas Es por ello que los ganaderos deben centrar su atención y cría en aquello que solo ellos hasta cierto punto pueden controlar respecto a sus caballos y esto es, la existencia de palancas y ángulos y las diferentes combinaciones entre ellas, que son, por cierto varías.
Es posible así encontrarnos con caballos que tienen palancas largas y angulaciones cerradas, palancas cortas y angulaciones abiertas, etc. A esto hay que unir las diferentes combinaciones de palancas entre sí (cadera, babilla -fémur y rotula-, corvejón, menudillo) y sus variadas angulaciones. El ganadero tiene que tener un conocimiento claro y profundo de la biomecánica del movimiento de los caballos, y emplear su tiempo en aprender la diferentes acciones de movimiento, fuerzas y contrafuerzas posibles.
Por su lado, el jinete debe centrarse en aquello que solo él puede controlar, y sobre lo que su trabajo de entrenamiento sí puede incidir. Nos referimos claro está al desarrollo de la movilidad articular, a la determinación del grado de flexibilidad y elasticidad natural de un caballo y su posterior desarrollo.
El amateur profesional A la hora de que un amateur vea un caballo de forma profesional debe por tanto tener claros estos aspectos. Primero, no dejarse llevar por la apariencia y el brillo de la forma, sino saber visualizar lo que está debajo, las palancas y las angulaciones. Tiene que ser consciente sobre todo de que nada de lo que vea en esta capa de conocimiento lo podrá cambiar.
Segundo, hay que fijarse en el grado de flexibilidad de las articulaciones del animal, la mayor o menor capacidad de flexión de las mismas.
Tercero, en el grado de elongación y contracción muscular durante el movimiento en los diferentes aires. Por supuesto, siempre con el caballo en libertad.
Así podremos concluir, por ejemplo, que un caballo puede contar con unas malas o regulares palancas y ángulos, y sin embargo contar con una alta movilidad articular. Esto, que es muy posible en los caballos, lejos de emocionarnos debe preocupar al posible comprador o seleccionador, porque lo más probable es que ese caballo tienda fácilmente a lesionarse, en cuanto ese hipermovimiento y superelasticidad no va a contar con las palancas y ángulos adecuados que permitan un soporte y desarrollo sano de su musculatura.
Por el contrario caballos con una no muy alta movilidad articular, que pueden contar con normales palancas, pero muy buenos ángulos pueden resultar mejor opción de cara al entrenamiento deportivo de alto nivel.
Saber ver al caballo por tanto nos ayudará después a decidir cual es el método de entrenamiento más adecuado.
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